Pico de Orizaba
"Mi Primer Alta Montaña"
(Diciembre del 2000)
Por Maira Mayen


Diciembre 9.

Llegamos a Tlachichuca alrededor del medio día a la casa de Joaquín Canchola quien nos llevó en su camioneta hasta el refugio. De hecho fueron dos camionetas pickup porque íbamos 14 personas.

Quienes íbamos adentro nos fue bien, pero a los que les toco afuera llegaron como polvorones. En este ascenso uno puede llevar todo lo que quiera ya que las cosas se van en la camioneta hasta el refugio y para el ascenso sólo se lleva la mochila de ataque con agua y comida. Desde Tlachichuca observamos el Citlaltépetl con su pico cubierto de nieve. El camino del pueblo al Refugio es bonito aunque desdichadamente la zona ha sido objeto de la tala inmoderada y según nos comentó Joaquín el clima de la zona se ha modificado ya que ahora no nieva tan seguido. En el Refugio no había nadie así que decidimos quedarnos ahí y no acampar. Dejamos nuestras cosas y medio nos instalamos después algunos de nosotros fuimos a caminar para aclimatarnos y dormir mejor.

Subimos como 200 mts. y a mi me dio taquicardia por la altura, así que pensé que a lo mejor no iba a llegar a la cima aunque no era algo que me obsesionara porque estando en la cumbre de Sierra Negra (quince días antes) observando el Citlaltépetl, varios de nuestros compañeros hablaron de algunos accidentes ocurridos en el Citlaltépetl así que desde entonces pensé "Si siento que ya no puedo continuar, me regreso".

La noche no fue muy agradable. El refugio se llenó de gente y mientras algunos tratábamos de dormir otros platicaban y reían y otros más cocinaban, ¡agh!.

Diciembre 10

Por fin dieron las 3:00 de la mañana del domingo. Nos alistamos para iniciar nuestro camino hacia el punto más alto de México. Alrededor de las 6:00 tuvimos que ponernos los crampones... Brrrrrr que frío. Afortunadamente nuestro guía Marco y Víctor nos ayudaron a varios a ponernos los crampones. Yo no podía de tanto frío que sentía en las manos. No sé a cuantos grados estábamos pero yo sentía cuando me quitaba los guantes que mis dedos estaban a punto de congelarse.

Seguimos caminando. 12 iniciamos la caminata y poco a poco el número se fue reduciendo. Un compañero no llevaba piolet y por su seguridad y la de todo el grupo Marco (nuestro guía) le dijo que no podía continuar ya que la vida del escalador de alta montaña depende muchas veces de su piolet.

Al final solamente llegamos 4. Roberto iba hasta adelante, después Víctor, yo y al final Marco, quien iba en la retaguardia echándole ánimos a los demás pero decidieron regresar y Marco continuó.

El ascenso fue muy difícil para mi pero aún así yo iba disfrutando del paisaje y a la montaña. Víctor era mi guía, me iba animando y me motivaba para continuar, ¡ah! y hasta un poco de leche condensada me dio para agarrar energía, o como él dice "para levantar muertos" (¿cómo me vería, verdad?) En algunas partes el hielo estaba muy duro y había que enterrar muy bien los crampones. También en alguna parte de la montaña me pregunte ¿Qué hago aquí... ? Afortunadamente esa pregunta tuvo respuesta... Allá arriba poco antes de hacer cumbre cuando vi el cráter, el inmenso y maravilloso cráter me sentí abrazada por la montaña, el cielo, el aire. La Naturaleza me hizo saber que pequeña soy... las lágrimas se me salieron ¡Guau! Que mezcla de sentimientos. Y todavía no llegaba a la cima, así que a seguir caminando... Cuando Víctor y yo llegamos a la cumbre, Marco y Roberto ya estaban ahí. ¡¡¡Que alegría!!! Primero nos felicitamos, tomamos fotos, compartimos comida y cotorreamos todos los que estábamos allá arriba. ¡Ah! y no podía faltar el tradicional bautizó de Roberto y el mío (por ser nuestra primera ascensión al Pico de Orizaba) al estilo Club Citlaltépetl nada de agua bendita porque nos empezaríamos a retorcer y la cabeza nos daría vueltas ¡ja!, así que el bautizo es con nieve.

Estuvimos un rato admirando el paisaje. Podíamos ver el Iztaccihuatl, el Popocatépetl, la Malinche, Sierra Negra... Yo no me quería bajar pero ya éramos los únicos que quedábamos. Antes de iniciar el descenso Marco me preguntó si me quería bajar sola o encordada y como había escuchado de los accidentes y no era mi intención hacerme la valiente o la muy macha, decidí bajar encordada,

así que Marco preparó la cuerda y nos encordamos los dos. Por supuesto que la bajada fue más rápida pero igual hay que ir muy atentos y pisar bien, estar seguros y no ir muy aprisa. Mis botas, mejor dicho las botas que me prestó Juan, que por cierto Víctor las bautizó como pantunflas, me dieron un poco de problemas ya que como están tan suavecitas los crampones se resbalaban y tenía que ajustarlos a cada rato para evitar tropezarme. Alguien comentó una vez que es muy importante sentir la seguridad del guía, saber que vas bien acompañada y yo puedo decir que tanto en el ascenso con Víctor como en el descenso con Marco me sentí muy segura y gran parte del éxito de haber llegado a la cumbre del Citlaltépetl (Pico de Orizaba) y de haber regresado sana y salva se los debo a ellos, espero que no me cobren ¡ja! Lo único malo fue que al llegar, un poco antes de donde termina la nieve, nos enteramos que dos chavos de los que estaban en la cumbre con nosotros, se resbalaron y desafortunadamente murieron.

Y es que el Citlaltépetl no es cualquier cosa, a mí la verdad si me dio miedo en un una parte y casi lloro pero saque fuerzas y lo logré. Además de disfrutar el paisaje, admirar la Naturaleza y convivir con mis compañeros, la experiencia de escalar el Citlaltépetl me sirvió para conocerme un poco más.

Fue una experiencia ¡¡¡SUPER PADRE!!! El dolor de piernas me duró tres días, pero bien, ¡valió la pena!

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