CERRO COATZIN
(JUNIO DEL 2000) Por Sergio Carmona


Esta excursión, hasta donde sabemos nunca antes había sido programada en el Club, resultó de lo más agradable por la conjunción de un buen grupo de compañeros e invitados, magnífico clima y, por supuesto, los extraordinarios paisajes de la Sierra de Tepoztlán.

Se inició el ascenso en el pequeño pueblo de Amatlán de Quetzalcóatl, Morelos, previo paso a través de un alambre de puas de un terreno particular (lo que hizo dudar de los guías...).

Bueno, una vez por la vereda, el ascenso fue gradual y así se fueron descubriendo las diferentes vistas de las cañadas y formaciones rocosas que caracterizan a esta zona.


Cabe mencionar que casi al poco tiempo de la subida nuestro buen compañero Marco Rios sufrió un tropezón, pues de algun modo perdió el equilibrio y se lastimó la mano y recibió varios raspones. Menciono esto porque más adelante necesitaríamos de su desinteresada ayuda.

El ascenso continuó siguiendo las crestas de la serranía, incluyendo algunas rocas, hasta finalmente llegar al principal obstáculo a salvar, una roca de aproximadamente de 2.5 a 3 metros de altura, que para los neófitos en escalada de roca resultaba algo complicado. En este punto el segundo grupo se quedaría y el resto continuaría hasta la cima del Coatzin. Marco, en ese momento bastante repuesto de sus golpes, fue indispensable para ayudar a subir al grupo por la roca.

Pese al esfuerzo que se hizo para que todos subiéramos entre Marco y compañía dos compañeros se tuvieron que quedar con el segundo grupo porque les resultó bastante complicado la "escaladita". Ya listos para continuar el ascenso, Marco pregunta si sube o o no la cuerda, yo le digo que ya no es necesaria y aunque Daniel insiste en que la suba, la cuerda se queda.

Más adelante se presenta una bajada algo complicada y entre que si y no, Marco baja nuevamente por la cuerda y vuelve a subir, pero cual es su sorpresa al llegar y ver que ya bajaron todos menos tres compañeras (quienes iban a necesitar la famosa cuerda), que deciden quedarse a comer en este paso.

Continuamos el trayecto y el resto del ascenso resultó menos complicado. Una vez en la cima fue posible apreciar un paisaje espectacular de barrancas, picos, valles, etc., hasta tuvimos la suerte de contemplar por largo rato un par de halcones volando por la serranía y más abajo varios zopilotes.

Descendimos y nos quedamos a comer en un punto sombreado cercano a la cumbre, como siempre los menús fueron sustanciosos y variados, una vez saciado nuestro apetito y haber hecho un poco de sobremesa se procedió al descenso.

Es de comentar que las subidas y correspondientes bajadas por la roca resultaron en ocasiones algo dramáticas y en la mayoría de las casos graciosas, como el de Gaby, quien se dejó caer al vacío cual si fuera Batman.

Aprovecho aquí para agradecer a Marco su disposición, equipo y experiencia para el éxito de la excursión.

Bueno, estando ya los dos grupos juntos se continuó el descenso, apreciando nuevamente

las vistas, que por la posición del sol y el correspondiente cambio de la luz mostraban un aspecto diferente y de gran belleza. Se llegó finalmente a Amatlán de buena hora, donde se pudo tomar alguna refrescante bebida y, habiendo todavía tiempo y ganas, hubo parada en Tepoztlán para degustar sus riquísimas nieves.

Posteriormente se emprendió el regreso al D.F., habiendo podido disfrutar una vez más de un día lleno de buen compañerismo y atractivos naturales.

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